Aventuras

Me gustan los comienzos. Los retos que provocan terremotos de ideas. Me gusta perfilar caminos en cuyo recorrido la creatividad flirtee con la imaginación y, de paso, sea necesario razonar para conseguir la meta. Disfruto sumergida en este universo ilimitado, perdida, solo en apariencia, entre un bosque de palabras que se juntan para formar lo que será una nueva aventura.
Y mientras hay quien teme lo nuevo, yo me inclino por inventarlo, por hacer que la esperanza me sirva para seguir avanzando. Hoy por hoy solo nos queda eso, volver a empezar.
Y por qué no. A quién no le gusta estrenar.
                                                  

Poner en su sitio

Algunos se juegan la vida por las vidas. Otros acaban con las vidas de los que no piensan como ellos. Se defienden los unos y los otros, la pierden sin remedio y para siempre mientras que unos pocos nacen a cubierto de una sombra. La del vencedor. Estos encuentran una vida regalada y subidos a lomos de las ganancias de aquel que las obtuvo, por su situación de privilegio, en vez de callar e ir de puntillas, siguen exigiendo honores que nunca merecieron. No es lo suyo ponerse en el lugar del otro, ni pensar de dónde les llegó la herencia. En sus reivindicaciones les mueve el orgullo y la sangre y no ven que hay otros que siguen en la humillación de una vida robada y una muerte sin descanso.
Mi pregunta es ¿Cómo nadie les dice que siguen viviendo a la sombra de un hombre que a muchos les dejó sin esperanza? ¿Cómo nadie les cuenta la verdad y les invita a devolvernos la justicia, sin condiciones?
Y... afirmo, veo que hay otros que lo que buscan es no dejarnos vivir en paz y nos empujan a la arena. Yo pongo flores en la arena y estrellas de mar en los valles.


Lamento por la laguna

Un lecho de sal blancuzca se extiende entre el silencio. Unas barcas pintadas de esperanza descansan en una playa lunar. Es  mediodía. Las libélulas escondidas en su mundo de hadas hacen solitarios. No hay juncos donde posar sus zapatos de seda y los mosquitos volaron al Mediterráneo a buscar pieles bronceadas e infancias jugando con la arena. Sigo las huellas de un ánade fantasma y llego hasta donde mis pies se hunden en su lecho de barros curativos. Si quisiera, podría cubrir mi cuerpo del luto escondido bajo su manto blanco, sudario de sal que envuelve este dolor callado. El de los que fuímos bautizados para pertenecer, por siempre, a esta Mancha cuya playa sirvió a la felicidad de muchos tiempos. No lloraré, lo hice hace tanto que hoy solo me queda implorar a la madre tierra, al sol, al agua, a los vientos que se lleven volando los malos agüeros. Ay mi laguna, tan bella y tan triste, arrastrando su sed hasta nuestras secas almas,  ahí sigue alimentando nuevas especies, porque no se rinde y sigue viva en su deshidratada existencia. Ay mi laguna. 

Las cosas que me gustan del verano

Me gustan las tormentas, las tardes en casa, las horas en silencio. Me gusta cuando no tienes que ir a ningún sitio porque el calor te tiene prisionera y puedes quedarte a solas contigo. Corre tanto la vida por las calles, es tanto el trasiego de maletas, tantos actos, tantas compras, tanto ruido, tanto tanto que, me gustan las noches en el patio contemplando constelaciones, cenar a la luz de unas velas y leer en la cama hasta que me venza el sueño y luego, si acaso, despertar a la zozobra de un mundo que se ha vuelto loco y enloquecer también, pero eso si, a mi manera.
Y la música, esa siempre la busco en mi corazón.

Al otro lado

Vivo en un espacio casi mágico donde la luna juega con el agua, las cintas de colores se alían con el barro para que el viento las mueva. Cada tarde nado en el fondo de mis sueños, despierto con los pies cubiertos de la arena del crepúsculo. Me siento sobre sedas azules y bebo el jugo de los limones dulces del sosiego. Cuando viajo a través de las páginas del libro que sostengo y siento toda esta paz que adorna estas tardes del verano siento que rozo la felicidad, pero no es cierto. No, porque tengo un vecino que cuando adivina que estoy aquí, al otro lado de la pared que me separa de su inútil trajín, enciende el tractor y me da "humaza". Pone en marcha esa máquina que no va a ningún lado y comienza su melodía durante horas, cargada de gasoil y de porrazos. Cuatro horas, dos horas, una hora sin moverlo del corral. ¡Socorro! Una pena que no sea de verdad una bruja porque ... Abracadabra.

Planes

Preparas un bote de pintura, brochas, fregona. Te disfrazas con la ropa más vieja a fin de no mancharte. Raspas, barres y a ello. Eres estupenda, te vas a sentir tan bien cuando contemples como  con unos buenos brochazos ya tienes tu garaje inmaculado. Solo tenías que abandonar esa desidia vacacional, esa pereza y cumplir con lo que te habías programado, en vacaciones pintar. Pero, de repente, compruebas que de la brocha te ha nacido una tormenta de pájaros verdes que vuelan hacia una luna que ha caído del cielo en un bosque de árboles azules. ¿Toda la mañana perdida? 
Es lo que tienen los planes del verano, van por libre y a mi esto del cálido verano me va.  Como la vida, a veces necesita darle alas y que vuele.

                    

Trabajos de esclavos

Necesito ponerle voz a los gritos silentes de los nuevos esclavos. Denunciar las cuerdas que los atan a contratos humillantes. Escribir en pancartas un eslogan que revele la infamia de la explotación que callan, que se traga la lengua y con ellas las palabras. Necesito cantar con miles de guitarras que el pueblo está sumido en falsas esperanzas, trabajo por miseria.  Denunciar que aún hay capataces y señores que viven porque otros callan y que mientras yo misma bien vivo, muchos más siguen humillados, indefensos y sin nadie que les ayude a romper sus ataduras. 
Tantas leyes para no cumplir la ley.