Somos siempre los mismos, desde que nos erguimos y comenzamos a andar con los pies, o con las patas y nos definimos como "sapiens" dueños del planeta, hasta ahora.
Cuando miramos las huellas que dejamos encontramos devastación y grandes logros. Somos supervivientes, como siempre, de tribus vecinas, bestias o cataclismos naturales, ajenos a lo que realmente somos materia cósmica, una mínima e insignificante parte del universo. Somos capaces de tender la ropa más inmaculada entre las piedras, sobre la maleza, creando belleza al paso de un par de peregrinos que hacen un camino a ninguna parte o levantar un muro de muerte o silencio delante de un igual.
Somos siempre los mismos, las mismas luces y las mismas sombras, los mismos pasos a golpes o al compás, la mirada de odio de una fiera o la mano que se tiende solidaria. Todos seremos polvo, llegado el día, ojalá polvo de estrellas y cuando se extienda la noche sobre la tierra a mi me gustaría ser eternamente un destello y no un estallido, una melodía y no un grito, lo que no comprendo es qué creen algunos humanos que son. ¿Alguna vez miraron atentos el cielo, en algún momento se miraron por dentro? Pero qué se habrán creído.

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