volando por las palabras
¿De qué color es la piel de Dios?
Un roscón que sabe a amor
Yo tuve un rey. Llegaba de madrugada trotando sobre un renglón escrito a lápiz. Sufría al subir por las eses temblorosas de los deseos y cuando atravesaba una ñ comprendía que iba en la dirección exacta que lo llevaba hasta mi.
Hoy, cuando los caminos están sembrados de borrones, aquel rey que yo tuve se ha transformado, por respetar las líneas y puntos suspensivos de las miles de cartas recibidas en papel DIN A4, en una Maga de diversos géneros que se acerca al límite de una realidad tan oscura como la noche.
Ahora, desciende por las interrogaciones que iluminan la luz de la razón de una estrella de purpurina, por fin me adivina entre las sábanas, toda ingenuidad, una niña vieja abrazada a una muñeca de retales de esperanza que sueña con un amanecer de seis de enero.
La Reina Maga deposita uno de los regalos, el que siempre se encuentra, el mejor, único y universal. Sobresale por la lengüeta del zapato, es rojo y calentito, late sin darle cuerda. Si deja uno igual en todos los hogares seguro que el mundo, este roscón de masa madre, sabrá mejor.
Yo tuve un rey y mañana...
Dos en una vuelan
(Todas mis versiones os agradecen todas las lecturas)
Soñar y sonar
Nos felicitamos
No es fácil guardar silencio ante tanto ruido de palabras y bombas.
Volver a volar
Miedo al miedo.
Hablamos de la parálisis que sentimos ante la puerta que guarda la justicia, de la desconocida imagen que el espejo nos devuelve, de la sombra que nos persigue ante una mala decisión. Nos asusta lo desconocido y por tanto la muerte, a mí lo que más miedo me da es de mi misma. Miedo a no estar a la altura, miedo a hacer daño, miedo a no tener corazón ni arrestos. Hemos hablados estos días de fantasmas y de monstruos, los hemos visto tan ufanos sobre las torres de barro del poder de los relatos de terror que nos han mostrado, en este mundo de nadie y de todos. Llevamos unos cuantos capítulos que completarían una nueva antología de literatura fantástica. Muertos Borges, Kafka o Cortazar, entre otros, ya no sé si esta vida es un cuento o si el cuento es donde vivimos.






