Las llaves


                                             


Se llevaron la llaves de sus casas los sefardíes cuando fueron expulsados de Sefarat, como los gazaties vieron caer sus hogares y miles de pueblos tuvieron que dejar tierras y paises Aún conservo yo llaves de casas que abrieron mis antepasados o quedaron entre los cajones del relato de la familia. Lo único que tenemos los que aspiramos a una vida digna es eso, la posibilidad de cerrar la puerta y sentirnos a salvo. No  me es ajena la indiferencia de los poderosos, la nula importancia que dan a nuestras vidas, salvo exprimir nuestro tiempo para su beneficio y el desdén hacia lo que nos hace valiosos o especiales. Lo que me asombra es la estupidez y arrogancia de todos los que siendo "gente" como tú y como yo se creen diferentes y elijen las correas que fustigan a sus iguales y a ellos mismos. No hay pueblo que merezca que lo echen de su vida, no hay persona que pueda dormir tranquila negándole a otra un mínimo de dignidad. No sé trata de jugar un partido y ganar, se trata de vivir. 

Se trata de tener una llave, una cerradura, una puerta, una ilusión, un hogar. Se trata de no tener miedo al desamparo.

La condición humana.


Somos siempre los mismos, desde  que nos erguimos y comenzamos a andar con los pies, o con las patas y nos definimos como "sapiens" dueños del planeta, hasta ahora. 
Cuando miramos las huellas que dejamos encontramos devastación y grandes logros. Somos supervivientes, como siempre, de  tribus vecinas, bestias o cataclismos naturales, ajenos a lo que realmente somos materia cósmica, una mínima e insignificante parte del universo. Somos capaces de tender la ropa más inmaculada entre las piedras, sobre la maleza, creando belleza al paso de un par de peregrinos que hacen un camino a ninguna parte o levantar un muro de muerte o silencio delante de un igual.
Somos siempre los mismos, las mismas luces y las mismas sombras, los mismos pasos  a golpes o al compás, la mirada de odio de una fiera o la mano que se tiende solidaria. 
Todos seremos polvo, llegado el día, ojalá polvo de estrellas y cuando se extienda la noche sobre la tierra a mi me gustaría ser eternamente un destello y no un estallido, una melodía y no un grito, lo que no comprendo es qué creen algunos humanos que son. ¿Alguna vez miraron atentos el cielo, en algún momento se miraron por dentro? Pero qué se habrán creído.

Se adelanta el otoño



 Se adelanta el otoño en la enredadera. El sol ya no baja a bañarse a las siete. Mis vecinas aladas han dejado un rastro de silencio sobre la acera, huyen al sur. Un vientecillo mueve las hojas del periódico jugando con las palabras que nos abofetean desde la mesa. Entre un par de nubes la luna observa el ir y venir de mis pasos, leo mientras me acuna el atardecer y ella anuncia la noche. Envuelta en papel acaricio las últimas horas del estío de este mundo propio en el que disfruto del tiempo que resto al caos de piedras que caen sobre las redes del universo.

Se adelanta el otoño en la enredadera y no siento pena. Tengo todos los rayos de sol guardados entre los hilos del cestillo, en las entretelas donde he cosido cada momento de sosiego.

Solo me entristece el vacío que nos dejan los amigos que no volverán el próximo verano. Los traeremos a través de las sombras de los recuerdos.

Paparruchas

                                        


 Según la RAE una "paparrucha" es una noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo; una tontería, estupidez, cosa insustancial y desatinada; una masa blanda, como la del barro. 

Pues de paparrucha ha calificado mis textos un lector o lectora y me inclino a pensar que se refiere al segundo significado, es decir, tonterías, estupideces insustanciales y desatinadas. ¿Qué le vamos a hacer? No son pocas las tonterías a las que me dedico a lo largo del día y si, disfruto con ellas. Leer, pensar, reflexionar, meditar en silencio son algunas. Luego está tener el valor de mostrarme así  "blandamente" para que alguien intente moldear a su manera la paparrucha del día que he tenido la ocurrencia de publicar.

 Tocada, pero no atontada. Gracias. Por cierto, me encanta la palabra.




Con el aire del abanico

 


He comprobado que hay más motivos de felicidad bajo la enredadera por la que pululan las avispas que intentando poner una sombrilla en la playa. Hago magia con la sombra de las manos que acarician las espinas de las rosas y escucho como suena el poder desde la distancia. Todo lo que tengo me es suficiente, solo pido que ahí fuera se rompa la cadencia absurda que precipita al ser humano al odio y que se termine la moda de las malas noticias, la mentira y las opiniones constantes y continuas con la razón vacía de quien no ha leído dos líneas seguidas. 

Me refugio en la poesía y en las hojas de los libros que cultivo, cada vez más silente, cada vez más invisible pero siempre alerta ante los peligros que acechan al otro lado de mi insignificante existencia. Entre la soledad o la indecencia elijo la primera y entre la indiferencia y el compromiso, la segunda. Eso sí, no tomaré más arma que un abanico por eso de dar aire.

Ilusionismos



Ilusiona ver que pueden brotar ramas en troncos de piedra, que corazones de hielo  bombeen amor y cerebros vacíos escriban teoremas. Una ilusa podría creerlo pero cada día la alfombra vegetal por la que caminamos nos demuestra que la naturaleza no se perpetúa con palabras ni con opiniones ni con oposiciones. La vida es la realidad que se pinta de colores según la trata esta condición retorcida que  nos caracteriza. Es tal la incultura, el desconocimiento y la falta de curiosidad que es imposible sobrevivir a la catástrofe que puede surgir en cualquier momento. Somos marionetas con serrín en la cabeza y un traje a medida que disimula nuestra santa estupidez y tan contentos. 

Ojalá encontremos el camino hacia un bosque de sombras, las nuestras, igual ellas son capaces de ver una tierra redonda y en peligro. Por el momento confío en la ciencia, el lugar donde el saber se demuestra con hechos y me sumerjo en las artes donde las ilusiones son pura experiencia.

Cuál es la pregunta




 Como una niña, ha sido al final de la tormenta que he nadado junto a la cara oculta de la luna. He buceado bajo las páginas de un periódico que intentaba verter la sucia tinta de las noticias de tierra firme, no han conseguido teñir el agua cristalina que mis brazadas removían en busca de silencio. Un par de avispas se ahogaban en la oscuridad de las ondas que el impulso de mi cuerpo dibujaba en la superficie. Cómo es posible que unas podamos ver las estrellas y sentir el frescor de la noche y otras busquen razones para sobrevivir bajo las llamas de la muerte que incendian el mismo cielo.

Como una niña sigo sin respuestas y vuelvo al agua por si allí se encuentra la pregunta correcta.