¿De qué color es la piel de Dios?

 
                                                         
Cuando parecía que el mundo tendía a ser uno, ese globo que vuela y nos sostiene, un punzón lo pinchó y el arco iris que le servía de puente entre la tierra y las estrellas se deshizo. Cuando celebrábamos la belleza del mestizaje, la riqueza de la fusión de culturas y el placer de degustar otros pucheros, entonces fue que algunas gargantas comenzaron a cantar viejas y rancias canciones, los miedos cerraron las puertas y asomados a las ventanas contemplaron a los hombres grises paseando el odio por las aceras. Cuando todo esto sucedía los tambores iniciaron un concierto atronador por ver si las vibraciones alcanzaban las membranas heladas de los que siempre tienen la posibilidad de devolver la ilusión de la luz a ese mundo, que creíamos de todos y todas y, más que a otros, a aquellos que cantaban ¿De qué color es la piel de Dios?. 
Me pregunto, en este ahora descolorido, si los creyentes reconocen a Dios en los que tantas veces lo nombran desde el poder o en los que representan este par de apuntes cromáticos, por poner un ejemplo.

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