Las cosas que me gustan del verano

Me gustan las tormentas, las tardes en casa, las horas en silencio. Me gusta cuando no tienes que ir a ningún sitio porque el calor te tiene prisionera y puedes quedarte a solas contigo. Corre tanto la vida por las calles, es tanto el trasiego de maletas, tantos actos, tantas compras, tanto ruido, tanto tanto que, me gustan las noches en el patio contemplando constelaciones, cenar a la luz de unas velas y leer en la cama hasta que me venza el sueño y luego, si acaso, despertar a la zozobra de un mundo que se ha vuelto loco y enloquecer también, pero eso si, a mi manera.
Y la música, esa siempre la busco en mi corazón.

Planes

Preparas un bote de pintura, brochas, fregona. Te disfrazas con la ropa más vieja a fin de no mancharte. Raspas, barres y a ello. Eres estupenda, te vas a sentir tan bien cuando contemples como  con unos buenos brochazos ya tienes tu garaje inmaculado. Solo tenías que abandonar esa desidia vacacional, esa pereza y cumplir con lo que te habías programado, en vacaciones pintar. Pero, de repente, compruebas que de la brocha te ha nacido una tormenta de pájaros verdes que vuelan hacia una luna que ha caído del cielo en un bosque de árboles azules. ¿Toda la mañana perdida? 
Es lo que tienen los planes del verano, van por libre y a mi esto del cálido verano me va.  Como la vida, a veces necesita darle alas y que vuele.

                    

Trabajos de esclavos

Necesito ponerle voz a los gritos silentes de los nuevos esclavos. Denunciar las cuerdas que los atan a contratos humillantes. Escribir en pancartas un eslogan que revele la infamia de la explotación que callan, que se traga la lengua y con ellas las palabras. Necesito cantar con miles de guitarras que el pueblo está sumido en falsas esperanzas, trabajo por miseria.  Denunciar que aún hay capataces y señores que viven porque otros callan y que mientras yo misma bien vivo, muchos más siguen humillados, indefensos y sin nadie que les ayude a romper sus ataduras. 
Tantas leyes para no cumplir la ley.