Cuál es la pregunta




 Como una niña, ha sido al final de la tormenta que he nadado junto a la cara oculta de la luna. He buceado bajo las páginas de un periódico que intentaba verter la sucia tinta de las noticias de tierra firme, no han conseguido teñir el agua cristalina que mis brazadas removían en busca de silencio. Un par de avispas se ahogaban en la oscuridad de las ondas que el impulso de mi cuerpo dibujaba en la superficie. Cómo es posible que unas podamos ver las estrellas y sentir el frescor de la noche y otras busquen razones para sobrevivir bajo las llamas de la muerte que incendian el mismo cielo.

Como una niña sigo sin respuestas y vuelvo al agua por si allí se encuentra la pregunta correcta. 

Fluir placidamente


 Fluir, dejarse llevar por el ciclo del día, desde que aparece el sol entre las cuerdas de la ropa hasta que se oculta por la ventana del cuarto de mi hijo, así es que aprendo a ser entre lo que hay que hacer y lo que elijo hacer. Unas respiraciones conscientes y treinta brazadas, un buen gazpacho y tres abrazos. Después, cuando soy atardecer, una mirada furtiva a los cielos, a las formas de las nubes, saludos a los que permanecen junto a mi, en la inexistencia y una zambullida. Es el momento de ser pez. Siete latidos y la luna se baña conmigo. Como el agua me escapo bajo la tierra que alimenta al rosal amarillo, pétalo o ala de mariposa, ahora. Fluir siguiendo la plácida corriente de mi destino. Duermo siendo río, sin renunciar a desembocar en el mar de las realidades de los sueños o las pesadillas.