Con el aire del abanico

 


He comprobado que hay más motivos de felicidad bajo la enredadera por la que pululan las avispas que intentando poner una sombrilla en la playa. Hago magia con la sombra de las manos que acarician las espinas de las rosas y escucho como suena el poder desde la distancia. Todo lo que tengo me es suficiente, solo pido que ahí fuera se rompa la cadencia absurda que precipita al ser humano al odio y que se termine la moda de las malas noticias, la mentira y las opiniones constantes y continuas con la razón vacía de quien no ha leído dos líneas seguidas. 

Me refugio en la poesía y en las hojas de los libros que cultivo, cada vez más silente, cada vez más invisible pero siempre alerta ante los peligros que acechan al otro lado de mi insignificante existencia. Entre la soledad o la indecencia elijo la primera y entre la indiferencia y el compromiso, la segunda. Eso sí, no tomaré más arma que un abanico por eso de dar aire.