Se cuela la noche por el borde de luz de una luna menguante, se hace gigante y, en la vigilia eterna que me acuna, me sorprende entre un sueño sin rumbo y una pesadilla errante. La descubro vestida de galaxias, majestuosa. Sigilosamente adelanto mi cuerpo de algodón. No la temo. Tengo que adentrarme en ella y, agarrada a la cuerda verde de la enredadera donde habitan centenares de avispas, trepo hasta llegar al vértice lunar. De puntillas sobre un cráter consigo asomarme a la rendija cósmica de un lucero y allí están: la casa, el jardín, la ventana, la cama, y sobre ella, yo misma, durmiendo por fin a pesar de la noche.
Manos libres
Me siento a escribir y las manos me llevan a rozar los labios, a rozar el filo de los dientes, a palpar la lengua. De la tecla a la boca y vuelta. De la puerta a la mesa, de la pantalla al zapato. De tu mano a la mía.
Quiero decir y los labios buscan otros labios para pronunciarse frente a ellos, reír a carcajadas o besar sin cortapisas la otra boca jugosa.
Tomo aire y lo guardo en el profundo silencio de mi cuerpo, dentro de los pulmones que lo purifican y de pronto, de pronto, deseo soplar con fuerza sobre los dientes de león de tu pelo de seda.
Será que necesito despertar a la vida corriente, cuando un estornudo tiene gracia y las manos son libres y no necesitan tanto jabón.
Ventana azul
Se abre una ventana azul,
me acerco, miro.
Inclino este cuerpo, que no reconozco
sobre el abismo asilvestrado del patio de la vida,
ahora.
Levanto la mirada al cielo adornado
con nubes blancas de añoranza.
Me estiro a tope,
creo,
rozando el horizonte verde del mañana,
el que sueño despierta, al que aspiro
contigo.
Con cada uno de vosotros.
Ese mañana azul
que llegará,
sin duda.
me acerco, miro.
Inclino este cuerpo, que no reconozco
sobre el abismo asilvestrado del patio de la vida,
ahora.
Levanto la mirada al cielo adornado
con nubes blancas de añoranza.
Me estiro a tope,
creo,
rozando el horizonte verde del mañana,
el que sueño despierta, al que aspiro
contigo.
Con cada uno de vosotros.
Ese mañana azul
que llegará,
sin duda.
La cuerda de la esperanza
Nunca sentí la inmensa soledad que la incertidumbre siembra cuando no ves el final de lo que no entiendes, no controlas. Es un agujero tan oscuro y pesado que te atrae hasta el fondo y que casi te dejas llevar, sin oponer resistencia, porque ya no tienes fuerza ni ilusiones ni esperanza.
Nunca creí que los sueños se quedaran atrapados en las redes del miedo, ni que la ansiedad por ver a los míos pasara de ilusión a desasosiego.
Nunca creí que la vida fuera solo hoy, aunque llevará tiempo repitiéndome la importancia del ahora. Nunca pensé que la literatura se convirtiera en realidad y que yo sucumbiera al abismo de esa incertidumbre.
Pero no puedo defraudar a los que creen que soy fuerte, no puedo olvidar lo que tantas veces he dicho, no, no me dejaré caer, me agarraré a la cuerda que me lanzas tú desde el espacio de no vida donde habitas, ahí al otro lado de este hoy que da tanto miedo. Me la pasaré por la cintura y dejaré que tiren de ella los que tanto me aman.
Hoy comienza el carnaval y nos vestimos de otros, nos confundimos con todos, preguntamos por quién somos, nos perdemos entre muchos, bailamos sones confusos, buscamos y no encontramos, nos llaman y no escuchamos, cantamos, bebemos, desfilamos, concursamos, nos mostramos sin pudor, nos tapamos y ocultamos, engañamos y reímos, asustamos y bufamos...
¿Ayer no era carnaval?No se yo.
¿Ayer no era carnaval?No se yo.
Aventuras
Me gustan los comienzos. Los retos que provocan terremotos de ideas. Me gusta perfilar caminos en cuyo recorrido la creatividad flirtee con la imaginación y, de paso, sea necesario razonar para conseguir la meta. Disfruto sumergida en este universo ilimitado, perdida, solo en apariencia, entre un bosque de palabras que se juntan para formar lo que será una nueva aventura.
Y mientras hay quien teme lo nuevo, yo me inclino por inventarlo, por hacer que la esperanza me sirva para seguir avanzando. Hoy por hoy solo nos queda eso, volver a empezar.
Y por qué no. A quién no le gusta estrenar.
Poner en su sitio
Algunos se juegan la vida por las vidas. Otros acaban con las vidas de los que no piensan como ellos. Se defienden los unos y los otros, la pierden sin remedio y para siempre mientras que unos pocos nacen a cubierto de una sombra. La del vencedor. Estos encuentran una vida regalada y subidos a lomos de las ganancias de aquel que las obtuvo, por su situación de privilegio, en vez de callar e ir de puntillas, siguen exigiendo honores que nunca merecieron. No es lo suyo ponerse en el lugar del otro, ni pensar de dónde les llegó la herencia. En sus reivindicaciones les mueve el orgullo y la sangre y no ven que hay otros que siguen en la humillación de una vida robada y una muerte sin descanso.
Mi pregunta es ¿Cómo nadie les dice que siguen viviendo a la sombra de un hombre que a muchos les dejó sin esperanza? ¿Cómo nadie les cuenta la verdad y les invita a devolvernos la justicia, sin condiciones?
Y... afirmo, veo que hay otros que lo que buscan es no dejarnos vivir en paz y nos empujan a la arena. Yo pongo flores en la arena y estrellas de mar en los valles.
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