Entre dos puertas

Entre dos puertas cabe mi mundo, mas tengo cuatro.
Entre las cuatro todos mis sueños y una escalera para alcanzarlos.
Por tres ventanas entra la calle, mas tengo siete.
Por esas siete recorro el mundo y por la reja, y solo hay una, trepo a la luna.
Tengo una casa llena de amor donde descanso y duermo segura.
Más ya no tengo, me tengo yo.
Por cuatro puertas, siete ventanas, con una reja y solo una casa, mi vida pasa.
                                Mi vida ¿una?

                             

Palabra necesaria

En la terraza de tu mirada una palabra cuelga cansada y mustia.
La agita el aire de la mañana, fresco, azulado, límpido.
Revolotea, se riza y alza, mira hacia dentro en la laguna de tu ojo.
Reflejada en él se siente vieja, maltratada, ajada y quiere lanzarse al vacío de ese día que amanece joven.
Guiñas un ojo, aletea el párpado, y la palabra desciende, ya pluma blanca, a la comisura de tus labios, rojos, para pronunciarse renacida y gritarse. ¡Basta!

Alacenas del alma


En la alacena de esa pared de cal y años se colocó una caja llena de recortes que hablan de otro tiempo. No puedo alcanzarla, está muy alta, tampoco el bote de canicas que a su lado guarda los colores de mi infancia, también se alza a salvo de mis manos. Sentada frente a ella dudo en estirarme y levantar la tapa de esa caja de ayeres, en asomarme, a través de las bolas cristalinas al tiempo en que jugué con ellas en aquel patio bordado de manzanilla. No, desisto. Vuelvo a casa para  acariciar la vida sentada en mi rincón. A mi lado tres frascos de cristal que atesoro cargados de canicas alumbran el salón con sus destellos y un cuadro hecho de recortes dibuja un lugar en el que mi barco nunca llegó a atracar. Los recuerdos quedan en la alacena pero las ilusiones juguetean con las madejas de lana  de mi alma.

Me voy a nadar con las sirenas

Me voy a nadar con las sirenas. Al fondo de un mar de silencios. A rozar las algas luminosas, los corales. Me sumerjo para ascender a un mar de sal y olas saltarinas y me dejo llevar por las corriente para no pensar en otra cosa que en el agua. En lo que somos. En la vida. Luego retomaré con fuerza mis brazadas, determinante, valiente y decidida llegaré nadando a la orilla misma de esta playa, justo en el comienzo del ocaso. Esperaré que la luna me de un abrazo de bienvenida  y me dormiré entre las rocas y la arena, solo cubierta con un manto de estrellas. Sola y rendida. Dueña de mi vida.

La frontera

Hay sensaciones que solo se sienten en las casas vacías. Silencio húmedo. Ecos de pisadas. Un gato que se estira en el alféizar de la ventana y una araña que juega a ser reina de la noche colgada de una ajada viga del techo.
Allí hubo grano, allí un pernil se secó al frío antiguo de La Mancha. Detrás de la puerta un mandil raído colgaría de un clavo oxidado. Alacenas de cal, candiles de aceite, un susurro tras la cortina, un puchero sobre ceniza caliente.
Respiro un tiempo que no fue el mío y sin embargo lo reconozco.
Aquí nacieron. Aquí vivieron. Aquí escribieron el relato de su existencia. Yo no era uno de ellos, ahora tampoco y sin embargo formo parte de esta casa de alguna manera. No quiero ser de ella . No quiero oír estos silencios ni los pasos ni los ecos. Quiero la araña y el gato. Cojo una tiza y trazo una línea. Es una frontera. Hasta aquí de ellos, de los otros, desde aquí lo mío. Y entonces una sombra se cuela por la puerta, se carcajea y grita fueraaaaaa. Me asusta. Pienso. Recapacito.
Lo entiendo, yo no soy nadie, no puedo trazar los límites de la existencia. Hoy estoy aquí, mañana estará otro, pero el espacio que hoy piso y el que ocupó el candil, seguirá siendo el mismo a no ser que todo haya desaparecido. Me iré como ellos, la casa será destruída pero el espacio quedará para otra araña, otro gato y quizá otro yo, a no ser  que lo engulla un agujero negro.
Entonces me estiro todo lo larga que soy, que no es mucho, y vuelvo a sentir lo que se siente en las casas vacías. Eternidad.



La realidad

La realidad es un incendio que arrasa bosques y ciudades aquí y allá. La realidad es una tierra muerta de sed o desbordada por torrenteras y aluviones. Los polos se derriten, los volcanes escupen lava y el subsuelo se rompe esculpiendo la geografía urbana. El hombre llora o muere, salva su vida gracias a un perro que lo olisquea bajo los escombros o lo arrancan chamuscado de las llamas de su casa o de las aguas que han ahogado todos sus recuerdos. La realidad es una naturaleza que se ocupa de complicarnos la vida porque nosotros nos ocupamos de complicarle la vida a ella misma y a los demás. Cuándo aprenderemos lo importante, cuándo.

Si Gloria viviera o viviese

Sí Gloria viviera seguro que lo habría escrito ella. Como se fue lo escribo yo para ella, por todos:

Me voy a la luna. A la una.
Me cambio de mundo en solo un segundo.
Les rompo el compás:                                                                
-y tu más.
Les doy la tarjeta ¡Vaya jeta!
Les pongo a la cola del paro por ineptos, ladrones, falaces, faltones...
Me voy a la luna,volando. (Pero no a la de Valencia)
Me voy de este mundo y me fundo uno mas sano y mas justo.
Con menos disgustos.
¡qué gusto!
Me voy a la luna.
De una.