A ratos y sin proyecto alguno me siento y blandiendo el lápiz doy rienda suelta a la mano que, sin más orden que trazar líneas sobre el papel, ejecuta libremente un rostro tras otro. Cuando repaso los cuadernos descubro, dentro de mi estilo, diferencias en estas mujeres que se empeñan en nacer de mi imaginación. Por qué ellas, por qué diferentes cada año, por qué desde hace tanto tiempo. No hay respuesta, no me pregunto y no rebusco en mi.
Ahí están formando un mundo propio que brota con naturalidad, casi siempre sin cuerpos, si con rostros mirando hacia fuera o hacia dentro, como yo misma, como quisiera que fuéramos, solidarias y reflexivas, comprometidas e independientes, con luces y sombras, únicas y como todas. Pero reconozco que no lo digo yo, lo dice mi yo, ese que ha aprendido a escabullirse de mi. A ratos también escribo y eso si lo hago desde la reflexión, la desesperanza o el amor y voy configurando un libro, que jamás publicaré ni pondré a la venta, con la ilusión de que pasen por aquí y me lean. Y por leída me siento feliz al comprobar que sois muchos los que os asomáis a esta ventana que abro de vez en cuando.
(Todas mis versiones os agradecen todas las lecturas)
