volando por las palabras

No soy de aquí, yo soy de allá
Cosas de niños
Un patán en carnaval
En mi pueblo nos vestimos de fiestas antes de la cuaresma, bailamos y cantamos nos tapamos los ojos y reímos. Rezamos al son de los tambores haciendo subir las plegarias con bolteo de banderas y arrodillados ante el Dios de los creyentes. Cada cual lo celebra a su manera, todos en paz y concordia. La humildad es patrimonio del ser, la humillación es consecuencia de la maldad del poderoso que siempre necesita sentirse dios. Durante estos festejos, allende los mares, se representó la bufonada del milenio, humilló el patán al supuesto vasallo enarbolando la bandera de la gloria de los que se sienten dignos de adoración. Con sus máscaras de "médicos de la peste" consiguen darnos miedo pero la peste se lleva todo lo que toca, o casi todo. Cuando acaba la fiesta se quema por aquí la sardina, quizás al otro lado del océano se acabe con el besugo cualquier miércoles de ceniza.
Este era un rey...
En el sillón rojo recorto un personaje, dos y tres para un cuento de nunca acabar. Escucho, mientras tanto sentada frente a un cielo encapotado, canciones de Aute y Silvio Rodríguez. Mis dibujos llevaban tres años esperando el argumento. Recordaba una parte, la que decía este era un rey que tenía dos hijos uno grande y otro chico. Por fin mi amigo cuenta cuentos me anotó el resto y, en ello estoy, aquí, con el corazón lleno de música y color, las tijeras curvas de mi madre en la mano, la lluvia tras el cristal y la certeza de que estas historias de nunca acabar se repiten hasta el infinito del mundo de los hombres malos. No me gusta la realidad que crece a manos de los protagonistas oscuros así que seguiré creando la ficción necesaria para refugiarme en ella y si quieres escuchar la historia del rey que tenía dos hijos uno grande y otro chico... ya sabes, enrédate conmigo en la dulce fantasía de sentarte bajo las nubes, saber y sentir que existes y recortar lo que te sobra para tener calma y poner un sonsonete que acalle todas las voces disonantes de ese mundo vacío de contenido.
Carta a los Reyes Magos
Hoy siento la nostalgia de aquellas tardes en las que mi madre me enseñó a creer en los Reyes Magos y mi padre me llevó la mano escribiendo esas cartas que debieron llegar a su destino porque siempre tuve lo que pedí o eso creí.
Majestades, ya sabéis mi dirección.