No soy de aquí, yo soy de allá



Paseaba entre las matas, torpe, desnortado. Intentaba conectar con las hormigas, un par de mariquitas, la oruga del geranio y la araña blanca del rosal del fondo. Desde el tejado lo miraba uno de los suyos, estaba claro, nunca debió abandonar la seguridad de su entorno, ese hogar volátil y ordenado en el que estaciones y vientos, amaneceres y ocasos ponen orden en sus días. Allí reconocen su carácter, sus silencios y el movimiento de sus alas. Levanta la cabeza y antes de piar ya tiene todo dicho y se le entiende. Pobre, ha aterrizado en un mundo donde solo oye ruido, un sonsonete bullicioso y desordenado que no entiende. Suele pasar cuando aterrizamos en lugares que nos son ajenos, añoras ese silencio ordenado al que perteneces, no hay  más que salir volando si no quieres perderte. 
No soy de aquí -dijo- soy de allá. Chau, chau.















 

Cosas de niños

 


Pusieron los niños, sin pensarlo,
significado a lo que sentimos muchos.
La vida puede nacer entre las piedras
del duro asfalto con el que cubrimos, con empeño,
el suelo que no nos pertenece.
Trasplantar una flor, ingenuamente,
por dar luz y un regalo
a la tarde de lluvia intermitente,
por prestarle color al gris de un triste parque.
Entre todas las hierbas y matojos
regados por los gatos y perros
que pululan atados a manos de sus amos,
supieron ver un corazón que me entregaron
y yo deposité sobre el banco donde se sientan
los que ya no pueden buscar el sol más
que en la ilusión de un campo que
alojado quedó en sus recuerdos.
Hice un par de fotos por demostrarme
que no está todo perdido.
Puede que mañana algún niño de hoy
vea en la tierra la posibilidad de convivir
entre corazones de clorofila
y flores de arena,
haciendo posible que la paz de un atardecer
esté al alcance de todos.

Un patán en carnaval

  En mi pueblo nos vestimos de fiestas antes de la cuaresma, bailamos y cantamos nos tapamos los ojos y reímos. Rezamos al son de los tambores haciendo subir las plegarias con bolteo de banderas y arrodillados ante el Dios de los creyentes. Cada cual lo celebra a su manera, todos en paz y concordia. La humildad es patrimonio del ser, la humillación es consecuencia de la maldad del poderoso que siempre necesita sentirse dios. Durante estos festejos, allende los mares, se representó la bufonada del milenio, humilló el patán al supuesto vasallo enarbolando la bandera de la gloria de los que se sienten dignos de adoración. Con sus máscaras de "médicos de la peste" consiguen darnos miedo pero la peste se lleva todo lo que toca, o casi todo. Cuando acaba la fiesta se quema por aquí la sardina, quizás al otro lado del océano se acabe con el besugo cualquier miércoles de ceniza.




Este era un rey...

 En el sillón rojo recorto un personaje, dos y tres para un cuento de nunca acabar. Escucho, mientras tanto sentada frente a un cielo encapotado, canciones de Aute y Silvio Rodríguez.  Mis dibujos llevaban tres años esperando el argumento. Recordaba una parte, la que decía este era un rey que tenía dos hijos uno grande y otro chico. Por fin mi amigo cuenta cuentos me anotó el resto y, en ello estoy, aquí, con el corazón lleno de música y color, las tijeras curvas de mi madre en la mano, la lluvia tras el cristal y la certeza de que estas historias de nunca acabar se repiten hasta el infinito del mundo de los hombres malos. No me gusta la realidad que crece a manos de los protagonistas oscuros así que seguiré creando la ficción necesaria para refugiarme en ella y si quieres escuchar la historia del rey que tenía dos hijos uno grande y otro chico... ya sabes, enrédate conmigo en la dulce fantasía de sentarte bajo las nubes, saber y sentir que existes y recortar lo que te sobra para tener calma y poner un sonsonete que acalle todas las voces disonantes de ese mundo vacío de contenido.


                                       










Carta a los Reyes Magos


 Voy a escribir una carta como si fuera una niña. Me sentaré en el alero de la ventana blanca que da al firmamento. Cogeré la pluma bañada en tinta azul y en un cuaderno con margen rojo comenzaré a garabatear las ilusiones que brotan y se escurren línea a línea. Del presente solo pediré que los míos vayan viviendo sus vidas sin demasiado estruendo, al compás que marquen sus destinos poniendo, de vez en cuando, rumbo a casa. Del pasado pediré encontrarme en los sueños con los que quedaron allí y hacerme pequeña entre sus brazos de niebla. Escribiré que de aquellos reyes conservo el mejor de los regalos, los días que viví con todos ellos, mis abuelos, mis padres, los hijos. Por último pediré que sigamos juntos, nosotros dos, los que por aquí andamos en zapatillas recorriendo el presente, poniendo luz y miel, agradecidos.

Hoy siento la nostalgia de aquellas tardes en las que mi madre me enseñó a creer en los Reyes Magos y mi padre me llevó la mano escribiendo esas cartas que debieron llegar a su destino porque siempre tuve lo que pedí o eso creí. 

                Majestades, ya sabéis mi dirección.




Indefensión

 
Se necesitan redes para pescar las vidas que se llevó el agua de la tierra del fuego, las flores y el azahar. Ante la furia de la naturaleza se desata el dolor y la angustia. Se torna lodo el camino y hedor el frescor de sus calles. El miedo y la desesperación anidan en las gentes con más luz de la península y entre tantas palabras tan solo soy capaz de escuchar los lamentos y las llamadas de auxilio pero yo, la que siempre tiene algo que decir, he enmudecido y una vez más me siento como todos indefensa ante el rugido de la marabunta. Acostumbrados a levantar maravillas esta falla también arderá.







Naranjas de plásticos

                                                                               

No hay nada hoy que sea verdad o no hay verdad hoy que perdure. Estas naranjas de mentira cuelgan de un naranjo falso que trepa por una pared que quiere ser verdad. Se ofrecen al turista que apenas puede levantar la vista porque la calle es tan auténtica que teme romperse la crisma. Las mercancías se ofrecen desde la apatía de mercaderes a sueldo sentados a las puertas de tiendas gemelas. Se vende todo y nada. Se compra de todo para nada mientras las balas matan inocentes, las barcas llevan a la muerte y cientos de perros defecan sobre esta sociedad de plástico que sostiene el sofisma de un sistema cada día más podrido.  La verdad os hará libres, dicen que dijo Jesús, de momento todos esclavos del interés sin límite de los poderosos.