Bolsillos

De pequeña me gustaban los bolsillos de los mandiles de mis abuelas. Meter la mano hasta dentro para encontrar algo: una cristalina, una moneda de dos reales o de dos cincuenta... Lo que sacara de ese pozo oscuro y mágico era lo de menos, lo de más era imaginar qué sería. Tesoros de la infancia que hoy siguen siéndolo porque se necesitan mapas para ser encontrados. Los bolsillo, la mágia de un sueño que recorre una tela negra  envuelta en un sentimiento de ternura y protección. Las abuelas, los cuentos escuchados sentada en ellas, en una o en otra. Sus olores a colonia y a cocina calentita. Mis abuelas y sus bolsillos han querido volver a mi a devolverme la esencia del amor. Han vuelto, esta tarde de casi no invierno, a mostrarme su existencia permanente en el fondo del bolsillo de mi vida.
 

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