Quiero

Quiero escribir sin prisas. Pintar mis mundos en las caras y los árboles que la mano crea. Inventar historias o dormir la siesta. Quiero leer "Ordesa" y perderme con el Vilas por sus letras. Bañarme en el turquesa del agua cada tarde. Tomarme una cerveza mano a mano, contigo. Quiero perderme escuchando a Mozart o Sabina. No vestirme, no pintarme, no salir. Quiero despertarme sola, desayunar sin prisas. Deambular por la casa descalza y perderme en los recuerdos. Quiero, quiero, quiero. Y todo ese deseo lo estoy cumpliendo a rajatabla y ahora no quiero otra cosa que quererte.
     

La víspera

Otra vez es la víspera de lo que nunca llega. La víspera de la elección de las palabras que se llevará el viento. La víspera de no poder hacer lo que te gustaría. De no llegar a tiempo. De ser el último mono. La invisible sombra de lo que no eres. Otra vez dejando tu orgullo en un cajón y dejando que te venza la mala educación de los demás, las excusas falaces que tanto te duelen. Otra vez la víspera de lo que nunca llega, otra vez la incomodidad de la culpa que no tienes, de saberte excluida, de saberte fuera del único lugar al que perteneces. Otra vez el amargo sabor de la desconsideración. Otra vez quedarte fuera por no tener los suficientes arrestos para ponerte al mundo por montera y hacer lo que te da la real gana y salirte con la tuya. Otra vez la víspera de mostrar tu enfado y tu decepción. No quiero ni pensar en el día que diga ¡Basta!
                                    

Distancia

Todos los años las golondrinas vuelven desde lejos a mi casa. No ponen distancia entre nosotras sino que frecuentan el alero y la cuerda de tender de mi terraza. Vuelven cada vez mas pronto y tardan mas  en volar a África. Hay distancias mucho mayores, las que nosotros mismos establecemos cuando levantamos una barrera de silencio. Ni una llamada ni un encuentro. Pasa el tiempo. Pasa el silencio sin alas y uno se queda solo como las lagartijas que viven sin moverse de la pared mas soleada del jardín. Si uno quiere puede ser golondrina, si lo prefiere lagartija. La distancia la ponemos sin contar ni metros ni kilómetros, solo con ignorar que hay alguien mas que antes existía. Solo con dejar pasar los días.

Blanco satinado

Con una pintura blanca he pintado un mueble que era viejo y al terminar había renacido. Su presencia le otorga a la cocina un aire gustaviano. Lanzada con la brocha he embadurnado una silla, un platero y un mesa que era verde, muy verde. Viendo como todos se hacían presentes he pintado de blanco satinado mi imagen invisible. La invisibilidad es un don y es un castigo cuando no existes para aquellos que debieran mirarte, alguna vez. Pero tranquila amiga invisible yo te veo de todos los colores. Y a los que no te ven yo no los miro.

Vivir



Amanecía en Manhattan, ya había taxis cruzando la sexta.
Otro día frente a la vida inmensa de aquel verano.
La vida detenida en un país lejano,
                                    allí, en la película de ayer.
Amanecía en la sexta, una lluvia bañaba las aceras,
una multitud salía a bocanadas del metro,
yo existía tras un croissant,
                                      allí, y no era cine.
Amanecía en New York, yo amanecía a otra vida.
 Renacida en aquel mundo,
en un viaje que cambió mis veranos y mis conceptos.
                                       Allí, en mi.


Pequeña

Cuando éramos  pequeñas el verano era casi eterno.
La siesta era algo de mayores.
La noche también.

Cuando éramos pequeñas la cuneta era una selva.
Las tormentas daban miedo.
Y los rayos mucho mas.

Cuando éramos pequeñas el mundo cabía en un escaparate.
La cama se convertía en barco.
El suelo en mar.

Cuando éramos pequeñas mis amigas eran mías.
Las horas eran suyas.
La vida era jugar.

Cuando éramos pequeñas soñábamos ser mayores.
Ahora ya lo somos.
Yo sigo siendo igual.
                                   Pequeña.

Palabras

Por dónde caminan las palabras que pronunciamos en libertad. Por dónde su significado, el sentimiento que las arrancó de lo mas profundo de nuestros pensamientos, en ocasiones, indignados. Dónde van a caer. Quién las interpreta y lo peor quién las juzga.
Las palabras saltan al blanco de la página para pintarla en un claro desahogo. No pretenden nada mas que ser expresadas, que alguien las haga suyas o que las ignore pero que nadie las censure. La palabra que se grita o que se calla a través de la escritura es un huella que se queda. Hay tiempos para escribir en los que se necesita sosiego. Es tanto el desasosiego, son tantas las manipulaciones, tantas las falacias, tanta la ira lanzada con lenguas de espadas que deberíamos encender el silencio y medir más nuestras palabras. Tengo un metro a mano y las mías se escapan de puntillas pisando los centímetros de mi alma. No quieren que las mida pero si que las cubra de esperanza.