Palabras

Por dónde caminan las palabras que pronunciamos en libertad. Por dónde su significado, el sentimiento que las arrancó de lo mas profundo de nuestros pensamientos, en ocasiones, indignados. Dónde van a caer. Quién las interpreta y lo peor quién las juzga.
Las palabras saltan al blanco de la página para pintarla en un claro desahogo. No pretenden nada mas que ser expresadas, que alguien las haga suyas o que las ignore pero que nadie las censure. La palabra que se grita o que se calla a través de la escritura es un huella que se queda. Hay tiempos para escribir en los que se necesita sosiego. Es tanto el desasosiego, son tantas las manipulaciones, tantas las falacias, tanta la ira lanzada con lenguas de espadas que deberíamos encender el silencio y medir más nuestras palabras. Tengo un metro a mano y las mías se escapan de puntillas pisando los centímetros de mi alma. No quieren que las mida pero si que las cubra de esperanza.

Escribir como una ladrona

Me gusta escribir como una ladrona que le roba tiempo a la mañana. Escribir cuando hago la cama y me siento en su borde, en silencio, a penas respirando.
Me gusta escribir aprovechando los minutos en los que él desciende hasta la calle. Entonces abro rauda el cajón de la mesita y saco la libreta, a hurtadillas.
Me gusta escribir sintiéndome al acecho de las palabras que afloran a mi mano. Ensayar a escondidas un soneto, una frase secreta, una idea.
Pero lo que mas me gusta es acelerar cuando siento que llegas y es entonces, es entonces cuando me vierto entera sobre los pensamientos desbocados.
Y mas que nada, lo que mas, me gusta que tú me leas.

Canela ni mas ni menos

Olía a canela y a incienso. Olía a primavera de la vida. Aunque todo se cubriera con un manto morado, aunque cerraran los bares, a pesar de todo ese silencio había un despertar y una alegría que desbordaba la risa en los oficios y en las procesiones. Olía a vacaciones, a pandilla, a la familia reunida alrededor de tortillas y potajes, los ayunos de unos y la abstinencia de todos. Por entonces no entendía aquella fiesta, solo eran vacaciones.
Al cabo de unos años entendí desde la fe la necesidad del silencio, del recogimiento, del prepararse durante estas semanas para el tercer día, la gran celebración de los católicos y me enseñaron, desde dentro del culto, que lo de menos era la procesión y lo de mas, lo de mas era otra cosa. ¡Aleluya!
Ahora, que ya no estoy en la primavera de mi vida, sigo entendiendo poco y dudando mas y si, siguen siendo vacaciones. No toda la familia se reúne, no ayuno, aunque tiendo a meditar sobre el sacrificio, la muerte, el sufrimiento y deseo la llegada de los terceros días para los que nunca es fiesta, en esta semana ni en ninguna otra, mientras mi alma, que es mi casa, se impregna del olor de la canela y el azúcar para recordar que no está de mas mirar hacia dentro ni de menos a los demás.

Nubes en el tejado

Una nube se ha posado en el solar de un tejado.
Parece un pez que nadando se va transformando en gato.
Otra, regordeta y blanca, la mira desde lo alto,
parece un osito inmenso con la cola de un lagarto.
Tras ella , como si fuera una niña, juguetea otra en lo alto.
Desde el salón yo las miro reflejada en el cristal de mi balcón, ya mojado.
Tengo una copa en la mano, sobre la falda hay un libro, sobre la mesa veo algo
mientras a mi oído acerco la caracola que el mar me regaló este verano.              
El libro se ha abierto solo y una letra se ha escapado,
se ha fugado con la nube y tras ella va nadando.
Yo me he tomado la copa, por la caracola escapo.
Por ese túnel de nácar vislumbro un lugar soñado,
esta forrado de sedas, maravillosos brocados
que han rodeado mi cuerpo quedando inmovilizado.

Cuando quiero darme cuenta en el sofá he despertado.
El libro estaba en el suelo, la copa vacía al lado,
la caracola pisando un montón de folios blancos.
Todo estaba muy tranquilo pero algo había pasado.
El sueño me había vencido mirando el cielo nublado.

Siento que llegas

Siento como te duelen las despedidas. La alegría de ese regreso lleva consigo tantos adioses.
Es curioso que el gran anhelo que viste mi alma, en estos fríos días de febrero, da un paso atrás, deja un resquicio a la añoranza de aquellos otros que compartimos allí, en tu otra vida que ya se acaba.
Siento como te duelen las despedidas, mientras, mis ilusiones revolotean por la cocina preparando el menú de tu regreso y, sin embargo, al mismo tiempo me sube un ahogo por el pecho cargado con los recuerdos que nunca olvidaremos de las vivencias que quedaron al otro lado del océano.
Siento como te duele y como te alegra, al mismo tiempo, tu regreso y a mi, cariño, a mi, ni te cuento como me alegra tu llegada aunque comprendo y siento muy dentro como te duele, como te alegra, y por supuesto, cuanto te quiero.
             Siento como te acercas. Ya.

Invisibles

En ocasiones te sientes invisible. El último mono. Cuando eso pasa, el grado de disgusto o desilusión es directamente proporcional a los afectos que tu sientes o a los que crees que por ti sienten. Eso se llama "en la consideración que te tienen". De momento, muy sabiamente, pasas un tupido velo, quitas importancia y te acoges a la conformidad, al cabo de unos días percibes como el desconsiderado o los que le están próximos van tejiendo una tela para envolverte en una excusa falaz. Es posible que acabes convencido de que no hubo tal desconsideración sino que tu no cumpliste con lo que se esperaba y es entonces cuando tienes que repasar todos los hechos objetivamente y, si está claro que hiciste lo que debías, pero que ellos no, entonces no te dejes intimidar y pasa, pero de ellos. Aunque también puedes seguir siendo invisible y sonreír. Es lo que suelo hacer aunque por dentro una alerta quede programada, para siempre.

Mientras hay vida

Nada hay más triste que pensar que ya no queda tiempo.
Que apenas quedan  amaneceres ni mediodías para soñar despierto.
No hay rendición que merezca ni diez minutos de tu vida
 porque cada momento es un proyecto de pasado,
un hasta luego presente, un ya pasó y eso,
eso necesita de un recuerdo.
No hay nada más triste que sentir que mañana no tendrá contenido.
Que no quedan horas para perderse en sus minutos.
No hay tratado de paz que acuerde la pereza de vivir tu existencia
y es que cada segundo que te queda ¡Ay amigo mío!
cada segundo es una bienvenida,
un hola cómo estás, una mano tendida y eso,
eso requiere que te pongas las pilas, te dejes ya de angustia, de quejas y
retomes tu vida.
                           Tu proyecto, tu tiempo.