El hilo de seda rojo

Entre las hojas del libro que leo, he dejado un hilo de seda rojo.
Habla el libro de los lazos que se van rompiendo en la vida, de la nostalgia, del amor insuficiente, del arrepentimiento y de sobrevivir.
El hilo de seda rojo relata un tiempo de intimidades, cuenta una historia de estíos, de estirar la vida, de amar.
Ni el libro habla de mi ni la seda habla del libro.
Pretendo que el hilo se quedé allí para que alguien, algún día, se pregunte quién dejó aquel rastro rojo entre las letras impresas. Qué historia quiso contar. Que se detenga a pensar, que se cuente así mismo una historia, que siga tirando del hilo que un día yo puse allí.
Había una vez un hilo de seda roja, entre las páginas de un libro.
                                       

La caza


Vamos a cazar pájaros, vamos a poner a todos los ojeadores a dar palos al aire y que disparen luego las escopetas. ¡Fuego!
No hay otra cosa que hacer en este campo que buscar en la pajarera quién tiene o no un título que colgar en su curriculum. Esa jaula en la que llevamos años pegando plumas que no nos permiten volar mas que unos pocos metros por euro. Esa jaula mentira de nuestro conocimiento.
Vamos, disparen, que es el master o el doctorado el que acredita que no valemos para esto, porque para esto valen, los que no valen para aquello. Con solo ganar unas piezas abriremos el camino para convertirnos en cuervo. Un cuervo que sobrevuele sobre los nidos donde los pájaros consiguen acreditar su sueño. Vamos, que alguien se deje de cazar y se ponga al fin a desmontar el nido, a poner pies en el suelo y a reconocer que unos obtienen favores porque hay quienes les ponen a huevo anidar en el tejado por mas de un puñado de euros. 
                                           

Florecer la noche

Tengo un árbol seco en mi jardín, no da frutos pero en la noche se ilumina.
Una enredadera compite con él, emite luces blancas al salir la luna.
No tengo mascotas y sin embargo no me falta el trino de los pájaros,
el vuelo de las golondrinas y la sombra de los gatos bajo las estrellas.
No hay juncales que bordeen la piscina mas las libélulas rozan con sus alas el agua, las avispas amenazan la paz del baño y las de lagartijas suben y bajan la pared blanca que me defiende del ruido de la calle y me procura sosiego en este mundo de ruido sin medida.
 Me pregunto ¿Cuándo las calles en la noche florecerán silencio?




Quiero

Quiero escribir sin prisas. Pintar mis mundos en las caras y los árboles que la mano crea. Inventar historias o dormir la siesta. Quiero leer "Ordesa" y perderme con el Vilas por sus letras. Bañarme en el turquesa del agua cada tarde. Tomarme una cerveza mano a mano, contigo. Quiero perderme escuchando a Mozart o Sabina. No vestirme, no pintarme, no salir. Quiero despertarme sola, desayunar sin prisas. Deambular por la casa descalza y perderme en los recuerdos. Quiero, quiero, quiero. Y todo ese deseo lo estoy cumpliendo a rajatabla y ahora no quiero otra cosa que quererte.
     

La víspera

Otra vez es la víspera de lo que nunca llega. La víspera de la elección de las palabras que se llevará el viento. La víspera de no poder hacer lo que te gustaría. De no llegar a tiempo. De ser el último mono. La invisible sombra de lo que no eres. Otra vez dejando tu orgullo en un cajón y dejando que te venza la mala educación de los demás, las excusas falaces que tanto te duelen. Otra vez la víspera de lo que nunca llega, otra vez la incomodidad de la culpa que no tienes, de saberte excluida, de saberte fuera del único lugar al que perteneces. Otra vez el amargo sabor de la desconsideración. Otra vez quedarte fuera por no tener los suficientes arrestos para ponerte al mundo por montera y hacer lo que te da la real gana y salirte con la tuya. Otra vez la víspera de mostrar tu enfado y tu decepción. No quiero ni pensar en el día que diga ¡Basta!
                                    

Distancia

Todos los años las golondrinas vuelven desde lejos a mi casa. No ponen distancia entre nosotras sino que frecuentan el alero y la cuerda de tender de mi terraza. Vuelven cada vez mas pronto y tardan mas  en volar a África. Hay distancias mucho mayores, las que nosotros mismos establecemos cuando levantamos una barrera de silencio. Ni una llamada ni un encuentro. Pasa el tiempo. Pasa el silencio sin alas y uno se queda solo como las lagartijas que viven sin moverse de la pared mas soleada del jardín. Si uno quiere puede ser golondrina, si lo prefiere lagartija. La distancia la ponemos sin contar ni metros ni kilómetros, solo con ignorar que hay alguien mas que antes existía. Solo con dejar pasar los días.

Blanco satinado

Con una pintura blanca he pintado un mueble que era viejo y al terminar había renacido. Su presencia le otorga a la cocina un aire gustaviano. Lanzada con la brocha he embadurnado una silla, un platero y un mesa que era verde, muy verde. Viendo como todos se hacían presentes he pintado de blanco satinado mi imagen invisible. La invisibilidad es un don y es un castigo cuando no existes para aquellos que debieran mirarte, alguna vez. Pero tranquila amiga invisible yo te veo de todos los colores. Y a los que no te ven yo no los miro.