Pintar la vida

Hace años escribía "si la realidad se pone gris, la pongo verde". Hoy muchos años después sigo sin saber hacerlo. Lo que parecía tal fácil con quince años ahora debe requerir unas dotes que, sin duda, no tengo. Sin embargo he aprendido que los días tienen mejor color si repites lo bueno. Que puede aparecer un arco iris si ves lo mejor en los demás. Que, si intentas pintar tu vida con el color que da la risa, aparecen motas de humor que al mezclarse con el gris se vuelven plateadas, del color de las estrellas. Así que "si la realidad se pone gris, brochazo". Creo que ya he conseguido un azul brillante y un rojo cereza. Y sigo... Mola.

Suma y sigue



Ni siquiera se cómo ha pasado ni cuánto tiempo ha transcurrido desde que estrené aquellos zapatitos de charol negro. No me voy a poner a contar cuántos zapatos he gastado en este aumentar de número ni cuántos kilos se han ido sumando a mi cintura. Tampoco me voy a poner estupenda con eso de que por dentro me sigo viendo como antes. No. Hoy me visto por los pies y nada ni nadie consigue restar peso a mis ilusiones.


En el límite de la ausencia



Ni siquiera se cómo ha pasado ni cuánto tiempo ha transcurrido desde que estrené aquellos zapatitos de charol negro. No me voy a poner a contar cuántos zapatos he gastado en este aumentar de número ni cuántos kilos se han ido sumando a mi cintura. Tampoco me voy a poner estupenda con eso de que por dentro me sigo viendo como antes. No. Hoy me visto por los pies y nada ni nadie consigue restar peso a mis ilusiones.


Será que sobrepaso con mucho los cincuenta



Nunca deberíamos permitirnos sufrir por los daños que pretenden causarnos la estupidez o la ambición de esos seres aburridos y medrosos, esos “donnosequés” que sólo son una mentira que crece porque se van subiendo en nuestros hombros. Cuánto sufrimiento inútil si te tocó estar cerca de ellos. Por eso hoy, de vuelta del pasado, he quemado algunos recuerdos en el hueco que dejó la herida que se hizo crónica hasta que sanó, en algún momento,  con el bálsamo de una continua indiferencia hacia ellos, esos seres de nada, esos nadas, esos. Esos que vuelven pero que ya no veo. Si toca sufrir, que no sea por ellos.

Doler el alma

Cuando no hay esperanza el dolor ya no duele. No duele porque no hay vida. La esperanza te da la valentía suficiente para seguir, si no hay esperanza te gana la cobardía y triunfa la rendición. El dolor no duele porque tu eres el dolor, ni vives ni sueñas. Cuando no hay esperanza la luz ha volado del día y por ti lo prefieres pues sólo deseas estar a oscuras, en la profundidad de una tristeza que sostiene la no vida que llevas. Cuando no hay esperanza la vida es la de los otros, una película que no entiendes. Yo conozco gente así y me duele su tristeza y la siento y me lamento por no ser capaz de regalarle un pellizco de luz, una posible solución que devuelva el dolor a su alma y comience a sentir que algo se mueve y agita su ¿vida? Daría tanto por eso. Daría tanto.

Heladas

Hay heladas que queman la planta que quieres pero olvidaste al raso. Hay hechos que te dejan helada.  Hay personas con corazones de hielo y hay hielos perpetuos que se deshacen porque no nos ocupamos de mantenerlos congelados para siempre. Y si, nos quedaremos helados cuando los hielos se derritan y este planeta al que tanto debemos nos abrase o nos ahogue. Una planta que muere a manos del frío de la noche es como un planeta que muere por el frío de nuestra desidia, la de todos y más la de ellos, hombres de hielo. Hoy miro estos árboles pintados de escarcha que nos darán sombra cuando llegue el estío. Hoy admiro su belleza helada y espero que sigan mucho tiempo ahí, sobre la tierra.

Árboles en el solsticio de invierno

Hoy he compartido un árbol de Navidad que una compañera ha hecho con libros de su biblioteca. Un hermoso árbol repleto de palabras escritas en las hojas que cuentan. Yo he puesto uno en casa adornado con luces que iluminen el camino de vuelta de los míos y de los vuestros. Y entre muchos estamos cargando otro de deseos que tienen que ver con el compromiso, con aprender qué es el amor, qué es renacer un año más, aprender a mirar dentro de nosotros y fuera y entender qué es realmente lo que cuenta para plantarlo en medio de la plaza del pueblo, como hacemos desde hace años. Ese árbol pretende iluminar esas oscuras mentes que aún no encuentran el camino para que todos podamos vivir en paz. Si ellos quisieran habría muchos niños y mujeres, hombres y niñas que pasearían tranquilamente por su ciudad. Por ejemplo por Alepo.