Marzo inicia un nuevo mes y una nueva guerra. Enterramos las alfanjes bajo las bombas de los aspirantes a la paz. Las mujeres que desean liberar sus cabezas lloran la pérdida de unas niñas en la escuela bajo la metralla de los libertadores o bajo los burcas de las leyes de sus gobiernos. La luna alumbra los nidos que las golondrinas se esmeran en reparar para ocuparlos, en este país que es el alero de mi casa. Yo, una humana de nada, pinta de blanco las paredes antes que los rosales con sus espinas me impidan acercar la brocha chorreando de pintura sanadora. Me siento en el suelo frío y húmedo en silencio y miro alrededor con las gafas de los nadies. No veo bien el mundo, pero no cambiaré los cristales ni cambiaré unas progresivas por unas smart glasses, total, para lo que hay que ver, eso sí, sabérmelo me lo sé y me da vértigo y mientras una náusea me ahoga, un par de neuronas me conectan a la razón.

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