Disfrutar la vida

He preparado hoy la vida para disfrutarla. Dos camas y un colchón en el suelo, unos libros y cuatro o cinco juegos. Unos muñecos, perfumes, cojines de colores y sábanas bordadas. Los cristales brillantes, las baldosas también. Ni una mota de polvo, todo bien colocado y una lágrima deslizándose silenciosa por mi mejilla. Hace tanto que no pongo la casa a la medida de sus vidas, hace tanto que no reúno en ella presencia y existencia que no cabe más esperanza que la desesperanza vivida para sentir la alegría del reencuentro y de tener a ese niño sentado arrancando la sonrisa a esta vida que he preparado, hoy, para disfrutarla. Sin medida.
     

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