Lobos

Hace mucho que sabemos, los que leemos cuentos, que los lobos son lobos, los conejos son conejos y los agujeros sirven para esconderse. Que si en un agujero cae un lobo y un conejo se acerca demasiado a él y presume de su suerte es fácil que resbale y caiga dentro y, entonces, ya se sabe.
Hace mucho tiempo que, los que leemos cuentos, no queremos otra cosa que cuidarnos de los lobos que acechan en los bosques del poder y que nos convencen con palabras seductoras de su amable amistad, de la puerta que abren con sus garras para cerrar después de un golpe con su cola de alimaña para comernos enteritos.
Hace mucho, mucho tiempo que, los que leemos, sabemos que los lobos de los cuentos son fantásticos y los de verdad son necesarios pero los del poder son devastadores y por eso hace mucho, mucho tiempo que no queremos parecernos a ellos, ni acercarnos, ni verlos.


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