Sobre un planeta que gira y gira pasamos de puntillas sin hacer ruido rozando apenas el suelo. Algún taconeo rítmico ciertos días, un par de saltitos certeros de mañana y un rock and roll trasnochado de vez en cuando. De pronto te das la vuelta y compruebas que la luna no es el verso del poema y el sol ha quemado tu piel. No te salieron alas, no volaste, la música huyó entre el frufrú de las sedas y a tu alrededor se mostró la tierra tal cual. No era ella el mito, eran los hombres la mentira. Ahora soy yo quien gira sobre mi, quien pisa firme y quien se eleva por encima de la vileza de los que no escuchan la melodía. De puntillas subo por las palabras en las que creo y me lanzo al vacío, sin miedo, con el poder que otorga el tiempo. La danza de las horas se llena de pasos, los que quiero dar. No dejaré que nadie me impida dar un "arabesque".
