Doler el alma

Cuando no hay esperanza el dolor ya no duele. No duele porque no hay vida. La esperanza te da la valentía suficiente para seguir, si no hay esperanza te gana la cobardía y triunfa la rendición. El dolor no duele porque tu eres el dolor, ni vives ni sueñas. Cuando no hay esperanza la luz ha volado del día y por ti lo prefieres pues sólo deseas estar a oscuras, en la profundidad de una tristeza que sostiene la no vida que llevas. Cuando no hay esperanza la vida es la de los otros, una película que no entiendes. Yo conozco gente así y me duele su tristeza y la siento y me lamento por no ser capaz de regalarle un pellizco de luz, una posible solución que devuelva el dolor a su alma y comience a sentir que algo se mueve y agita su ¿vida? Daría tanto por eso. Daría tanto.

Heladas

Hay heladas que queman la planta que quieres pero olvidaste al raso. Hay hechos que te dejan helada.  Hay personas con corazones de hielo y hay hielos perpetuos que se deshacen porque no nos ocupamos de mantenerlos congelados para siempre. Y si, nos quedaremos helados cuando los hielos se derritan y este planeta al que tanto debemos nos abrase o nos ahogue. Una planta que muere a manos del frío de la noche es como un planeta que muere por el frío de nuestra desidia, la de todos y más la de ellos, hombres de hielo. Hoy miro estos árboles pintados de escarcha que nos darán sombra cuando llegue el estío. Hoy admiro su belleza helada y espero que sigan mucho tiempo ahí, sobre la tierra.